Un fin de semana para recordar

Ai qué felicidad.

Este finde ha sido taaaaaaaaaan guay! He hecho taaaaaaantas cosas, y el Karma se ha portado taaaaaaaaan bien! (Que no me lo creo ¬¬ fijo que algo malo malísimo está apuntito de arrollarme).

No olvidemos que partimos de la base de que pasé la semana sola en casa (lanzando aspirinas con el tirachinas).

Bien, pues después de mi aventura surfera, el viernes fue noche de fútbol y miles de tipos de hummus (vale, 3), y….¡Ganó el Atleti! Mira que me pasé todo el partido desconfiando de Moyá, nuestro nuevo portero Hipster, pero al final…¡Golasso!

Tras esa noche, en la que dormí en modo piedra (cómo sólo se puede dormir si intentas ver un capítulo de “Vikings” a la una de la mañana), llegaron el sábado y el domingo, con comida Africana muy barata y muy rica, una sesión de Mountain Bike que me ha dejado el hueso del chichi que parece que me lo han taladrado, piscinita rica, “Fantástico Mr. Fox”, jugar a las palas en Decathlon…

Seguro que hoy estrenando mis mancuernas (sí, estoy a topísimo), me rompo una muñeca o algo.

Cruzad los dedos.

Grasia.

El día en que me creí surfista

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Pues fue antes de ayer.

Sí señores, me creí surfista  cuando mi colegui Saúl me escribió un Whatsapp: “Luci, planazo, tienes que venir”, y corrí a casa, saqué en tiempo exprés al perro (perdóname Richi), me puse mi bikini (el de hacer cosas guays de pantalón largo y sexy peliculero) y allá que me fui, a Majadahonda, a probar una ola artificial.

A los diez mins estaba revolcándome por la plataforma, dándome ostias contra las paredes, en tetas, y Saúl con mi bikini en la mano.

Lo mejor es que está todo grabado, y estuve como 3 mins vapuleada por el agua hasta que me di cuenta de que tenía las tetas (y el culo, porque la parte de abajo del bañador de Surf decidió que también iba a dejarme en ridículo) al aire.

Pa qué negarlo: fue grandioso. jajaja

El caso es que la adrenalina que sentí al enfrentarme a la ola, a pesar de que no parara de llevarme guantazos, creó en mi un resquemor interno, y creo que este finde voy a volver a acercarme, con mi propia cámara, y a intentar llegar a ponerme en pie (sí, lo confieso, sólo logré ponerme de rodillas).

Tranquis, que esta vez, llevaré camiseta. 

Corto y cierro, no sin antes decir, que el surf es muy pero que muy jodido, pero mola.

PD: Próximo reto: comprarme un monopatín de esos que están tan de moda (otro paso más hacia la modernez) de plasticurri e intentar no abrirme la crisma.

Mi cuerpo pide clemencia

Primero un constipado que me tuvo sudando y girando como un cerdo ensartado (sólo me faltaba la manzana en la boca) en la cama durante dos días.

Maldigo los aires acondicionados.

Y ahora un dolor de ovarios MEGA adelantado (nada más ni nada menos que quince días señoras, el médico me dice que es normal, pero yo creo que me estoy muriendo), que no me deja levantarme de la silla.

Y aún con mis mocos, claro.

Así estamos hoy en la oficina, con una sonrisa congelada en la cara de esas de “me quiero morir” y más rígida que un palo, queriendo poder encogerme sobre la mesa y meterme spidifen en vena.

Menos mal que es juernes-prepuente y no, no me voy a la playa a pesar de que son mis vacaciones, tengo algo mucho mejor a la vuelta de la esquina…UNA BARBACOA GITANA!

Que qué es eso? Fácil, una barbacoa de 3 días en la que tomaré el sol para que parezca que he ido a la playa, comeré chistorra hasta reventar y vaguearé a muerte.

Eso, si no muero por explosión de ovarios.

Corto y cierro.

PD: si alguna vez buscáis una imagen graciosa sobre ovarios no lo hagáis en Google, que salen cosas MUY asquerosas. Ahora, mis ovarios, además de caerme mal, me dan puto asco.

Torraera en Madrid

imagesEl verano en Madrid es muchas cosas, pero, sobre todo, es caluroso.

Caluroso como solo él sabe ser, asfixiándote cada vez que cruzas la calle con su asfalto on fire, obligándote a poner el ventilador a 5 cm de tu cara (en mi caso no puedo hacer esto porque tengo alergia al polvo y me asfixio), haciéndote sudar 10 minutos después de haberte duchado, haciendo de las chanclas del Decathlon tus mejores amigas…

No queda otra que entregarse al alcohol y al gazpacho.

A la fresquita cerveza (véase sangría, mojito o cualquier otro sucedáneo) en un interior (sí, de momento se acabó el chollo de las terrazas, que hace más calor fuera que dentro), con una buena ración de aceitunitas y los pies descalzos. A poder ser, sin pantalones (los chicos, sin camiseta).

Y así, día tras día, sales de la oficina y te limitas a sobrellevar el torraero con bebida fresca y tu intento de cara de “Qué guay es el verano”.

Pero, he de deciros, queridos amigos, que, tras haber pasado el peor invierno de mi vida en la fucking island de Inglaterra, el estar derritiéndome, queriendo rapar mi cabeza y buscando el lado más fresco de la almohada por las noches cada 5 minutos, me parece uno de los mejores inventos de Dios vuestro señor.

Prefiero el calor madrileño sucio y sudoroso al frío inglés en el que, si salías cinco minutos de casa, llegabas tiritando –pero tiritando de verdad – y con las manos moradas.

Prefiero el poder comerme un helado sin miedo a coger una pulmonía.

El beber agua helada con ansia, el tirarme de bomba en una piscina y luego poder tostarme al sol.

No tengo vacaciones, cierto es, pero tampoco las tenía en Londres, y trabajaba 12 horas al día 6 (casi 7) días a la semana, con la puta lluvia golpeando los cristales día tras día.

Así que sí.

Me quedo con España y su calor, jugándomela a fuego en sus terrazas y pudiendo enseñar medio cuerpo por la calle sin temor a que se me caiga un miembro por congelación.

Me quedo con  el calor.

Me quedo con  el verano.

Me quedo con Madrid.