Colaboración en Loversize

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Chiquitas del mundo entero, ¿Aún no conocéis Loversize?

Es un blog muy molón para titis modernas, de temas muy guays y en el que… ¡He escrito!

Así que ya sabéis, a haceros super fans y a darle a like a mi post de Leggings para frikis que se prestarán a llevar un mapa de la Tierra Media en las piernas 😀

http://weloversize.com/moda/leggins-para-frikis/

Diario de a bordo

Día: martes 20/10/2014, tercer día de encierro.

Status: caja torácica y columna vertebral echas polvo, mocos descendiendo, tos aumentando, fiebre ausente.

Estado anímico: aburrida hasta límites insospechados.

Nivel de karma: – 65

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Bueno, pues lo de “La niña burbuja”, iba en serio.

Resulta que he cogido una bronquitis de toma pan y moja (eso me pasa por ponerme en tirantes en el Búho creyéndome que la cerveza calienta), y llevo desde el sábado encerrada en mi casa con la temperatura corporal como el Luping Star

* Luping Star: famosa montaña rusa del Parque de Atracciones de Madrid en la que me intenté colar en varias ocasiones antes de tener la edad permitida, pero nunca coló. La quitaron justo el año en el que cumplía la edad para montar. La suerte siempre me sonríe, ya sabéis.

El caso, que hoy, tras 3 días sudando la gota gorda en la cama y con una mascarilla que hace que la gente se crea que tengo ébola y se aparte de mí (aunque sólo he salido de casa para comprarme Halls para la garganta), parece que estoy un poco mejor y me he dignado a dejar el edredón y contarle al mundo entero que no tiene que preocuparse, de ésta, no me muero xD

Me tomo una medicina que sabe (y huele) a pedo, podéis comprobarlo (Acetilcisteina 200 mg) e intento no desesperar. El otro día deliré e intentaba abrirme los párpados, que no podían mantenerse abiertos, con los dedos, a modo electroshock de la Naranja Mecánica, muy esperpéntico. Menos mal que mi familia tiene trabajo y vida y eso y no estaba aquí para verlo.

Total, que voy a volverme a la cama porque he tosido tanto que mi caja torácica amenaza en cada movimiento que hago con estallar y llenarlo todo de hueso y mocos. Ahora que sabéis que estoy viva, me quedo mucho más tranquila.

PD: Para todas las personas que se encuentren ahora mismo encerradas en sus casas nadando en mocos, les aconsejo Penny Dreadful, una serie que mezcla el Londres de Jack el Destripador con sucesos paranormales, Frankestein, Dorian Grey y Josh Hartnnett. Ni tan mal.

Niña Burbuja

muelaEse debería ser mi nuevo mote. Porque soy un puto imán para infecciones, viruses varios, y todo tipo de mierdas alérgicas o patológicas.

Yuju ¬¬

Llega el punto en el que sigo con mi vida esté como esté (por ejemplo ayer estuve trabajando con 38.5 de fiebre), porque, seamos claros, ESTOY HASTA EL PEKEKE.

Mi cuerpo, que es un egoísta, y lo quiere to´pa´mi. ¿Que veo una gripe? ¡Ahí voy yo!

Y si a esto le sumas que mi madre trabaja cuidando el patio y el comedo de un colegio…COCKTAIL MOLOTOV.

Además hoy estoy calentita, porque el querido Karma (aunque creo que esta vez ha sido más bien Dios, el karma no es tan cabrón), me ha concedido la felicidad de juntar la mega bronquitis del siglo (gracias al portador por este galardón) con la regla. Muy rico.

Así que nada, hoy toca viernes de Spidifen en vena, mantita, y mi novio cuidándome, que cuando tengo la regla me trata con delicadeza. No, no porque sea un amor (que también), sino porque, según él, cuando tengo la regla “es como si hubiera una hora gigante de zombies y yo estuviera ahí plantado con un chuletón en la mano.”

Bueno, voy a comer, que probablemente mañana coja algo de intestino y tenga diarrea.

Y así.

Escribir es de valientes

what if I fallCuando escribes, te expones.

Eso es así.

Una parte de ti, de lo que eres, de tu persona y de las cosas que te gustan, de las cosas que odias, de tu mirada, de tu pensamiento, de tu voz. Una parte se expone a los demás para que la admiren o la rechacen e, inevitablemente, la juzguen.

Por eso muchas de las cosas que escribes quedan relegadas al fondo oscuro del cajón que no vuelves a abrir nada más que para guardar otro infructuoso párrafo. Ese cajón relleno de partes de ti que no te gustaron lo suficiente para exponerlas, que te dan vergüenza, incluso algunas de ellas, te dan miedo. Pero tampoco las tiras. Las escondes en el fondo del cajón para no leerlas nunca más. Porque cada parte es única, y esa parte que hoy te has atrevido a exponer, quizá no vuelva a salir a la luz.

Menos suerte corren las partes de ti que te repelen, que no te gustan. Que sabes que están mal, que son cosas que piensas, porque las has escrito tú, pero que solo puedes releer una sola vez. Sabes que si lo vuelves a hacer, no vas a volver a escribir una palabra en meses. Partes, que son muchísimas, que acaban echas trizas en el fondo de la papelera.

Existe el refugio y el maquillaje de los recursos literarios. La elipsis que tanto te gusta y que haces sin pensar, las metáforas, la ficción en la que escondes tus verdaderos anhelos. Pero, al final, algo de ti está en ese texto, entre líneas y signos de puntuación. Desnuda, para que todos, o al menos los que te conocen, sean capaces de descifrarla.

Hay veces que ni tú mismo aciertas a ver esa parte expuesta que has sacado a la luz hace cinco minutos. Probablemente me pase en diez, cuando termine de escribir y relea esta aburrida parrafada que sale a borbotones de  mi cerebro por el simple hecho de que me aburro tanto, que llevo todo el día leyendo artículos, reseñas, blogs. Partes de otras personas.

Se puede saber mucho de cómo escribes. Los hay más fáciles y más difíciles de descodificar. Hay gente como yo, que cuenta sus historias sin un ápice de ocultamiento, tal como son, y gente que se recrea y da vueltas y vueltas para llegar a un punto. Un punto que, al final, es siempre de dejarse ver un poquito por los demás. Aunque no lo entiendan. Los “indescifrables”, también se exponen.

Y por eso, porque escribir es mostrar parte de ti al resto, una parte de ti muy, muy personal, muy, muy cerebral, muy, muy íntima, escribir es un trabajo de valientes.

Pruébalo.

Si escribes algo y te atreves a mostrárselo al mundo entero sin pensar en “qué dirán”, sin pensar en “¿se darán cuenta de que me he basado en anécdotas personales?”, sin pensar en “¿Sabrán de quién hablo?”.

Pues algunos sí, y otros no.

Pero si escribes y se lo enseñas a todos, serás el más valiente de los Gladiadores. Porque no te estarás enfrentando a un león, ni a una carreta con las ruedas en llamas. No te estarás enfrentando a tus amigos, que a un golpe de clic estarán leyendo lo que hace diez minutos pasaba por tu cabeza. El duelo no será con ese editor que, cigarro en mano, va a criticarte hasta que no le quede una pizca de veneno que verter contra ti. Tu pelea no es contra los medios, ni contra las redes sociales.

Si escribes, y se lo enseñas a todos, la lucha, será contigo mismo.

Y ésa es la lucha más dura.

La lucha del valiente.

La lucha del escritor.

PD: no, hoy no hablo del Karma. QUÉ PASA.