Objeto de estudio

agregado-de-firefox-para-investigar-personas_¡Eso es lo que voy a ser!

Me mofo. Me mofo mucho.

A ver, me explico. Tengo una amiga que está haciendo un Máster, creo que de lingüística o algo por el estilo, porque ella estudió…¿Filología hispánica? Dios, Teté….No me mates xD ¡Es que nos vemos de Pascuas a Ramos!

El caso es que ayer me escribió al chat del Facebook para decirme que quiere utilizar mi Blog, que quiere utilizarme a mí, mi forma de expresarme, como objeto de estudio para su Máster, crear una unidad didáctica…¡Y dar una clase con diapositivas de mis posts!

Me parto el ojaio, alguien va a analizar mi lenguaje y mis palabros, y una clase entera va a opinar y hacer preguntas sobre las locuras que escribo aquí. Ay la Mamma.

No sé si mi querida Tetis os mostrará esta entrada, alumnos del Máster cuyo título desconozco, pero, si es así….”¡Hola!”

No…no se me ocurre nada más interesante que contaros, simplemente deciros que hagáis caso a vuestra profesora, que es muy molona y sabe lo que se hace. Y que me hace mucha ilusión que me estudiéis, aunque suene a muy pringada.

Eso es todo amigos! Solo quería presumir un poco porque me causa mucha emosion! Ya os contaré cómo va la unidad didáctica y todas esas cosas cuando me las pases Teté, que dice que si quiero corregir algo o veo algo que no me gusta se lo diga… Tranqui tronqui, tú siéntete libre para decir lo que quieras, que si no me gusta, ya te pondré verde, ya… jajaja.

Adioh.

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No sólo somos unas “locas del coño”

imagesEn los últimos meses la expresión “loca del coño” se ha popularizado mucho. La “loca del coño” es esa cabrona interior que toda chica tiene dentro. Y digo tiene, porque, seamos realistas, las tías podemos ser muy zorras cuando queremos.

Pero no vengo a hablar de esa faceta que nos hace parecer Guizmo a las 00.00 de la noche inflándose a costillas, vengo a hablar de todo lo contrario. De la otra faceta femenina, la de salvadora de otras mujeres en momentos críticos (generalmente de fiesta).

Sí, esa faceta también existe queridos amigos. Las mujeres nos convertimos en salvadoras de otras mujeres, y ojo, no tienen por qué ser amigas nuestras. Es más, en ocasiones se trata de una desconocida en el baño de un garito, o de la amiga de una amiga que necesita ayuda desesperadamente.

“La salvadora” es esa chica, amiga, conocida, transeúnte, que, conocedora de los males que nos aquejan por el simple hecho de no tener pito….

  • Tiene un clínex cuando estás meando en cuesta entre los arbustos del Parque del Oeste a punto de empaparte entera y te lo ofrece sin titubear. Es más, te ofrece la mitad del único clínex que le queda.
  • Te cambia los zapatos un rato cuando ella lleva planos y tú taconazos. En ocasiones arriesgando su integridad física porque ella usa dos tallas más que tú.
  • Te presta un tampax (Oh Dios mío gracias).
  • Cuando estás to moco con una llorera del 15 por un motivo absurdo, se sienta a tu lado y te escucha mientras bebe su copa.
  • Te sujeta el pelo para vomitar.
  • Te deja una goma del pelo cuando estabas a puntito de raparte con la navaja que lleva colgando en las llaves tu amigo.
  • Te deja pintalabios/raya/colorete cuando tienes cara de ojete y te lo has olvidado todo en casa.
  • Te acompaña a mear.
  • Te sujeta el bolso mientras meas.
  • Vigila mientras meas entre dos coches.
  • Se cuela en el lavabo de los chicos a robar papel higiénico cuando tú ya estás dentro meando y te das cuenta de que no hay papel.

Así pues, por todos estos motivos, y otros muchos que no alcanzo a recordar, quiero declarar este día como el día de “Las mujeres salvadoras”, porque me ha dao por ahí, porque se me pira el panchito, y porque me aburro mucho.

Corto y cierro.

En mi casa no te aburres Vol. II

Como la semana pasada ya os conté una de mis anécdotas familiares favoritas, he pensado que esta semana no iba a ser menos. Así pues, aquí va mi anécdota familiar nº 2, también sobre mi hermana Celia (es una pena que la memoria infantil sea tan mala, me encantaría recordar más, porque seguro que las hay) y es muy propicia ahora que está apuntito, bueno, vale, falta un mes, de empezar la Navidad.

Esta historia se titula…

“REGALOS NAVIDEÑOS QUE TODO NIÑO QUERRÍA TENER. O NO”

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Os pongo en situación:

–          Navidad.

–          Año: pues…no lo sé, pero Celia ya andaba, hablaba, comía…Creo que tenía en torno a unos  5  años,  así que más o menos sería 2004 ó 2005. Era la época en la que se dedicaba a hacer el pino en los sofás y los volcaba, y en la que cuando amigas mías se quedaban a dormir, cogía el mando, ponía el canal porno (no me preguntéis como sabía cuál era), y empezaba a correr alrededor de la mesa con el mando en la mano, riéndose como una posesa, y mi padre detrás para cambiar el canal, muerto de vergüenza delante de mi afortunada amiga.

–          Situación: cena de Nochebuena, toda la familia reunida. Creo recordar que incluso estaba el actual marido de mi hermana, el papá de Garbancito. No sé, a lo mejor esto me lo estoy inventando.

Total, toda la familia alrededor de la mesa, felicidad absoluta porque hoy viene Papá Nöel (aunque nosotros siempre hemos sido más de Reyes Magos), comida para un regimiento porque a mi madre ya se le empezaba a ir la olla con las comidas familiares…el típico percal.

Yo y mis 15 años. Esa edad horrible en la que llevaba al raya en medio, coleta de caballo, y me negaba a ponerme vestidos, y Celia sentada en su sillita a la cabecera de la mesa, liándola parda con las salsas y el cordero.

No sé quién formuló la pregunta mágica. Desde luego no fue formulada por nadie de la familia cercana, porque a esas alturas todos nos sabíamos su carta de reyes de memoria. Es por eso que creo que Javi estaba a la mesa.

–          Bueno, Celia, ¿Y qué te vas a pedir para Reyes?

Celia levantó la cabeza del plato, toda la cara llena de salsa, los ojos brillantes al oír hablar de los Reyes Magos.

–          Un gatito.

Estela y yo nos alegramos un montón al oír aquella respuesta, mi madre levantó la cabeza del plato y la dirigió una mirada asesina. Ya iba a decirle que ni de coña, que nada de animales, y menos de gatos (mi madre tiene una aversión total e inexplicable hacia los felinos), cuando mi querida hermana terminó su frase, dejando a la familia lejana (los cercanos estábamos más que acostumbrados) con cara de póquer.

–          PARA QUE OS MATE A TODOS.

Como en la anécdota anterior, a mí y a mi hermana nos entró la risa, seguramente se me saliera la coca-cola por la nariz o algo así, mientras mis padres intentaban salir del apuro delante de Javi y el resto de la familia.

Obviamente el día de Reyes no hubo gatito asesino, aunque mi hermana vio que había hecho gracia el tema y lo explotó bastante. Recuerdo un día que me dijo “voy a llamar a mi gato asesino y te vas a enterar”.

Vivo temblando ante la perspectiva de que una noche se abra la puerta de mi cuarto y aparezca un gato gigante con un machete.

En mi casa no te aburres, Vol. I

Recuerdo perfectamente el día en que mi madre nos contó a mi hermana Estela y a mí, que íbamos a tener otra hermanita. Nos encontrábamos bajando la Calle Tahona, por el lateral del Hotel Pozuelo, Estela y yo de la mano bajando a saltos, cuando nos dijo:

  • Chicas, tengo que deciros una cosa. Vais a tener una hermanita.

Mi hermana y yo nos volvimos locas de contentas; empezamos a dar gritos y saltos y a achuchar a nuestra madre, que nos decía que no le apretáramos demasiado la barriga. Por aquel entonces yo tenía diez años.

También recuerdo como si fuera ayer, que fui yo quien eligió el nombre de la nueva personita que venía en camino, un día en la puerta de la biblioteca de la plaza del pueblo. Elegí Celia porque en esos momentos estaba enganchadísima a la colección de libros de Elena Fortún. Aunque si hubiera sabido lo que se encaminaba… hubiera elegido algo más acorde.  Lucifer, por ejemplo.

Jajajaja.

En realidad cuenta la leyenda que yo era muchísimo más mala que Celia de bebé, pero, como yo apenas me acuerdo…pues prefiero contaros las historias de mi hermana. Que además aún es pequeña y no le importará que airee sus trapos sucios de cuando era una niña de teta.  Esas historias que tengo frescas en la mente (creo que no las olvidaré jamás) y que ayer hicieron que todo el mundo en los montaditos girara la cabeza para mirarnos a Fer y a mí, porque estábamos montando un escándalo con tanta risa.

Aquí va la historieta número uno, a la que he decidido titular:

“NIÑA, CON LA COMIDA NO SE JUEGA, MEJOR CÁGATE EN LA MESA”

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Sí sí, como lo leéis. Cuando Celia era tan sólo un bebé, yo creo que tendría como mucho dos años, porque fue antes de mudarnos a Villanueva del Pardillo, durante una cena, se subió a la mesa, mientras los demás cenábamos.

La miramos con cara de “qué riquina”, porque claramente estaba reclamando atención, y pensábamos que iba a arrancarse a hacer alguna monería que nos hiciera decirle moñadas.

Qué equivocados estábamos.

Celia se bajó los pantalones, se quitó el pañal, y allí, en frente de mi cara, entre la botella de casera y la ensalada, plantó un truño del tamaño de un cruasán. Y se quedó tan agusto.

Podéis imaginar lo que ocurrió a continuación.

Estela, Marina y yo estallamos en carcajadas, y mis padres se quedaron en shock. Creo no sabían muy bien que hacer. Bueno, no supieron muy bien que hacer hasta que yo, con mi coleta lateral y mis braquets, grité entre carcajadas la nueva palabra que había aprendido esa semana:

  • ¡AAAAAH! ¡MENUDO ZIRULLO!

Entonces mi padre sí supo que hacer. Estallar a carcajadas también porque, por lo visto, no era zirullo, sino zurullo, y aquello le hizo mucha más gracia que que su hija de dos años se hubiera cagado encima del pan.

No sé cómo prosiguió la escena, porque la risa hacía que se me saltaran las lágrimas y Estela y yo no parábamos de darnos golpes la una a la otra señalando la mierda, pero fue algo como que mi madre fue a coger a mi hermana y ésta se tiró de la mesa, no me acuerdo muy bien. Puede que fuera en esa caída libre cuando se dislocó el hombro. ¿O eso fue en otra ocasión? Lo que sé es que fue saltando de aquella mesa.

Y colorín colorado, esta historia se ha acabado, y espero que os haya gustado 😀

Mañana os cuento otra.

PD: no, en mi casa no te aburres.

Felichitat

Esta mañana el karma me está queriendo descarga

😀

Resulta que, me levanto, hago la cama, me visto… ¡Qué coño! Voy a prepararme un desayuno rico y me lo llevo al trabajo. Y debido a haberme preparado ese desayuno, he salido 3  mins más tarde de casa, 3 minutos que han sido decisivos para que perdiera el metro ligero. “Vaya mierda”, pensaréis, pero… ¡Noup! Porque al coger el siguiente metro, y dirigirme al final del vagón, donde me siento siempre por cercanía a la salida, he visto el cogote de alguien que me sonaba mucho… ¡Era mi chico!

^^

¡Qué felicidad, llegar a la estación entre besos!

Y al despedirme de él, me pongo los cascos…y “Cool Kids” en la radio. Temazo. Más buen humor todavía.

Pero no acaba ahí la cosa.

Al llegar al curro, en hora, a pesar de esos 3 minutos tarde, la plataforma se ha caído, y aquí estamos, de cháchara sin poder trabajar y haciendo el monguer. No es que no me guste no trabajar, entendedme, pero… ¡Tutti Debuti!

Y encima, para rematar, me han escrito desde el Blog “Gmasala, sobre barreras y límites 000” ¡Para que escriba mi barrera! La verdad es que me ha pillado totalmente por sorpresa, y no sé qué coño voy a contar, estoy cagada, pero contenta, como diría mi querido amigo Ralph.

En fin, que estoy muy contenta este miércoles en el que el karma me ama (por el momento, nunca bajo la guardia, ya sabéis ¬¬ )

Asco y miedo en el metro

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Os acordáis de ese vídeo que causó furor y se hizo viral hace unas semanas? Ese en el que una chica andaba diez horas por NY y los mozos le echaban piropos?

Pues bien, hoy bajaba al inframundo (tb conocido como Cuatro Caminos, donde se encuentra el barco de los Goonies), cuando un señor se ha parado a preguntarme cómo se iba a Sol.

Inocente de mí le he indicado con una sonrisa, y el señor me ha seguido durante quince  mins por las escaleras mecánicas, como a unos 5 cm de mi cara diciéndome “desde el respeto es usted muy guapa, bonita, me llamo Manu”

E intentado no mandarle a la mierda y he sacado el móvil, ignorando sus piropos durante los otros 4 tramos de escaleras mecánicas.

Joder, Pa un día que decido ponerme tacones y no puedo salir corriendo tiene que seguirme un señor, bastante grimoso, además, preguntándome que cómo me llamo, que si voy a trabajar, que si vaya piernas…

Yo estaba en una mezcla entre “me cago en la puta” y “tierra trágame”, escribiendo por el móvil sin sentido en un grupo de WhatsApp a ver si el señor se daba por aludido y me dejaba en paz.

Pues no.

Ha decidido seguirme hasta la salida del metro “para despedirse de mi cómo es debido, con dos besos”

¬¬
Je. Je

Puto loco.

Me siento sucia, por favor, que algún chico majo me compre flores y me vuelva a hacer sentir como una señorita con sus tacones.

Jajaja. Adioh.