HE VUELTO.

terminator1

Sí, sé que no me despedí, que chapé a cal y canto con dos canciones de Leiva y llevo dos meses en la inopia y sin dar señales de vida.

Pero creedme, aquí estoy.

Estoy que no estoy, pero estoy.

Vamos, que no me entero ni yo.

De todos modos, en estos dos meses…no me han pasado grandes cosas que contar, aparte de que me ha dejado mi novio, mis “amigos” ya no me hablan, y he adelgazado diez kilos.

Yuju ¬¬ lo he pasado teta estas Navidades, sí.

Pero bueno, tras dos meses llorando por las esquinas he dedidido que a lo mejor, poquito a poco, puedo seguir contándole al mundo mis catástrofes kármicas, que no creáis que no las he tenido.

Sí, hay más que lo que os comentaba por ahí arriba. Partiendo de la base de que me he pasado dos meses (incluídas Nochebuena y Nochevieja) comiendo pavo y bebiendo Aquarius, hasta llegar a que el primer día que me crucé con mi ex me senté apoyando las manos en dos gapos. ¿Que por qué sé que eran gapos? Porque para comprobar qué cojones eran…los olí. Sí, error fatal, casi poto, pero como sólo tenía pavo desintegrado en el estomac, pues ahí me quedé, haciendo ruidos guturales en la estación de tren con todo el mundo mirándome.

También inundé la oficina un día, al más puro estilo Mr. Bean, cuando fui a limpiar la taza de té que había tirado, enganché el abrigo en una garrafa de agua de 10 litros que se cayó y dejó la sala de grabaciones como el río Manzanares. Estuve toda la mañana fregando. Tres puntos colega.

Y luego está el intento de asesinato en el SHOKO, cuando estaba yo tan feliz pegando saltos al ritmo de un grupo de música que no conocía (porque ahora como ando desesperada me apunto hasta a acompañar a mis amigos al dentista) y algo me golpeó con tanta fuerza en la cabeza desde atrás que me empezaron a llorar los ojos. Entre el dolor y que no veía nada, creía que se me había caído una columna encima y la sala se venía abajo. Pero no, era un camarero con una columna de vasos que pesaba veinte kilos y que habían ido a parar a mi cabeza. Como recompensa me llevé un mini de cerveza que no me pude beber y que regalé a mis coleguis, que, como no, estaban partiéndose el ojete.

Y poco más, aquí estoy, pluriempleada y metiéndome en el mundo del famoseo, produciendo una obra, dirigiendo agendas, editando vídeos e intentando sobrevivir a base de pavo y Aquiarius mientras el karma intenta una y otra vez neutralizarme.

¡Ah! ¡Y en dos meses me voy de casa! Proyectazo que es posible que salga mal pero que necesito como agua de mayo. Ya os iré contando, porque seguro que esa aventura da mucho, pero que mucho, para escribir.

Besos de enferma autónoma.