Crónicas de emancipación XII: compañeras de piso

Mi compañera de piso y yo somos muy amigas. La verdad es que nos parecemos mucho. Tenemos horarios raros, y brotes psicóticos conjuntos.

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Las dos amamos el atún e invadimos lo justo el espacio de la otra.
A veces me la lía un poco, muerde los cables….o me intenta sacar un ojo.

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Pero bueno, es que nos estamos conociendo. A ella eso de que le pronta una cita a ciegas y le presente a un perro.. No le va demasiado.
Ahora tiene un nuevo compi de juegos gatunos que le enseña como va la cosa.

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La verdad es que por mucho que se quejen mis padres y me llamen loca (aunque eso de haberme visto un tatuaje nuevo a la hora de la comida la verdad es que tp ha ayudado mucho), Llevamos juntas un mes y ya la adoro. Aunque se ponga a arañar las paredes a la una de la mañana.

Besos humanos y gatunos.

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Vacaciones, GRAZIAS

¿Es posible que…

1. Te corneé una cabra.
2. Te pelees con tu mejor amigo.
3. Rompas el pantalón del uniforme del curro.
4. Te dé una migraña del copón

todo el mismo fin de semana?

Sí. Lo es.

Lucía style.

Menos mal que hace una hora y cuarto han empezado mía súper vacaciones de uuuh ¬¬ 7 días. Y a 7 grados cuando la semana pasada estábamos a 38? En serio?

Hoy no tengo el chichi pa farolillos.

Menos mal que me dirijo, migraña en auge y cornada dolorida, en el bus, con dos mochilas, la gata, y los restos de comida que si dejaba en casa iban a caducar, a pasar mis vacaciones al hogar mi amiga Natulia, que ha venido a socorrerme desde la fucking island.
Menos mal.

JUMANJI.  CORTO Y CIERRO.

Días de mierda y cuchara

Hoy me he cortado con el dedo con una lata de atún y casi me de sangro, he descubierto que la gata, no estaba cagando en la arena, sino en una esquina debajo de la mesa del salón (que aquello parecía un cementerio indio), y los graciosos de gas natural me han cobrado más de 200 euros por un mes.

Qué bien, oiga.

Encima, el finde viví la situación más violenta y absurda, sexualmente hablando, que he vivido en mi vida. Me sentí una caca de gato (por eso de hacer analogías), y llevo dos días de una mala ostia increíble.

Solo veo una solución: apuntarme a Pekín exprés.

Condicionales nocturnos

Miro a mi gatita rulando por mi habitación, buscando una esquina donde dormir, y las lágrimas ahogan mis ojos. Me gustaría poder presentarsela. Me gustaría poder ver cómo él intenta hacerse su amigo y como ella, al igual que todos los gatos del mundo, intenta sacarle los ojos mientras yo me rio y le acaricio el pelo del pecho a través del cuello de la camiseta y le digo que es un cagon. Me gustaría que se limpiase los pies en mi felpudo y nada más entrar a mi casa me llamase hortera.

Dormir en una cama doble por primera vez sin complicaciones, sin tener que arrastrar colchones ni preocuparnos de dar de comer al perro a la mañana siguiente, o de si alguien por la mañana nos descubrirá remoloneando, esa capacidad en la que teníamos el doctorado.

Que me cocinara fajitas. Sus fajitas, en mi cocina de fuego de la abuela, y viera cómo ya no me da miedo el aceite y cómo soy capaz de cocinar algo decente.

Tirarnos a ver friends e hincharnos a palomitas y, si se nos acaban, enseñarle el ahorramas de enfrente de mi casa donde acabaríamos, miradas cómplices de por medio, comprando aceitunas de camporeal y pipas tijuana.

Me gustaría hacer muchísimas cosas, volver a ser la persona que era a su lado.

Pero entonces levanto la vista de mis manos sobre el alféizar, miro fijamente al muro de enfrente y me doy cuenta de que todo ha cambiado. De que mi realidad ahora es otra, y que los ‘gustaría’ no son más que condicionales incumpibles amparados en un pasado que ya nunca volverá.

Miro de nuevo a mi gatita y me limpio las lágrimas. Ahora somos tu y yo, pequeña, y,  como si me hubiera entendido, se hace pis en una esquina y sale corriendo.

Maldito karma.