Barbie Doctora y el día de la muerte.

1BORNAyer, cuando me dirigía a urgencias con mi mano dándome calor en el abdomen, lo último que pensaba, era que iba a acabar esperando 7 horas en una sala de espera en Puerta de Hierro, para que la “Barbie doctora” con su móvil con funda rosa de orejas de conejito me metiera un dedo por el culo y me mandara pa casa.

Sí.

Todo empezó cuando la de urgencias, nada más rozarme la tripa dijo “Uy esto es apendicitis te llamo a una ambulancia y que te operen”.

Imaginaos mi cara de pánico.

Y el móvil con un 10% de batería.

El caso, que mi novio vino echando ostias (menos mal), y la ambulancia de la Cruz Roja (cuyo ambulanciero por cierto muy majo rellenó mi parte con “18 años de edad”), me llevó al hospital, donde empezó mi etapa reina contra contra las ganas de pegar una paliza a la doctora de los cojones, que pasó de mí durante 7 horas, hasta que Jorge decidió azuzar a dos gitanos que estaban también en la sala de espera para que montaran el pollo.

Total, que de un “ui, tienes apenditis”, y tras placas, análisis de todos los flujos de mi cuerpo, un dedo en el culo, un enema of the state, y 7 putas horas de espera en una sala que parecía en Océano Glacial Ártico del fío que hacía, pasé a un “ui, no tienes nada, será estreñimiento a pesar DE QUE TIENES DIARREA”

¬¬

Así que na, al menos ya puedo tachar el viaje en ambulancia de la lista de anécdotas (y también que un chino obeso se comiera un menú del mc´donalds a mi lado en la sala de espera cuando yo llevaba 7 horas con náuseas y sin comer NADA).

A ver qué me dicen hoy, a lo mejor mi intestino explota y la Barbie Doctora es querellada de por vida.

Aunque no lo sé, porque, por si acaso, no puso su nombre ni su número de colegiada en el informe, la hija del diablo.

Ya os escribo luego si no muero por explosión intestinal.

Corto y cierro.

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