Mis adorables vecinos

Os voy a contar la primera noche que pasé en mi piso y que, como no, estuvo rodeada de sucesos kármicos maravillosos de esos que me rodean a mí.

Así a grandes rasgos, lo que pasó fue, que en el día cero, la primera noche que me disponía a dormir, ya me llamaron la atención los vecinos. Así se hace Luci, entrando en el vecindario por la puerta grande.

Primero me dispuse a ducharme, y se me acabó el agua caliente a mitad de la ducha (no, no controlo muy bien el calentador todavía) y pensé “bueno, me lavo los dientes mientras recarga”. Pues tampoco, porque el cepillo se quedó sin batería a medio del proceso.

Respira hondo Luci, no pasa nada,  ahora haces tu camita (por llamarla de algún modo porque es enorme :D) y verás que bien.

Error!!! (léase en plan anuncio de ‘rastredator’) porque cuando me puse a hacerla, claro, como la cama es enorme y la habitación enana, tuve que encaramarme a la cama para hacerla y…

ZASCA. se doblan las patas y ostiazo al canto. Creo que se despertó hasta el vecino del edificio de en frente.

No pasa nada Luci, respira…

Me levanto, recoloco las patas y…

ZASCA VOLUMEN DOS, y está vez, sobre mi pie (que se pasó morado cuatro días). En ese momento, la cama rota, yo helada tirada en el suelo con la lágrima a punto de salir del dolor de pie…

“Toc Toc ”

Mierda.

Fui hasta la puerta cojeando, y allí estaba mi vecina de abajo, una vieja salida de ‘Aquí no hay quien viva’  envuelta en una bata y gruñendo porque quería dormir.

¬¬ señora es viernes, son las once, y acabo de quedarme coja. Furcia.

Pero puse mi mejor sonrisa, me disculpé, y me puse, atrancada entre pared y somier, haciendo posturas del circo del sol, a quitar las patas de la cama.

Y así llevo, dos semanas durmiendo en modo zen (que queda mejor que decir ‘durmiendo en el puto suelo’)<

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