¿Es coña?

Caja50_01Domingo, 00:03 de la noche, y no puedo dejar de pensar en la razón que tenía la madre de Forest Gump con eso de que “la vida es como una caja de bombones”.

Un día puede tocarte uno de almendras que haga que te relamas del gusto, o de chocolate blanco, día en que irás cantando por la calle. Pero luego están los días en los que metes la mano en la caja sin prestar atención y te toca uno de licor, que te hace entrecerrar los ojos, cagarte en la puta, y poner la cara de el Fary chupando limones.

Y es que la vida no deja de sorprenderme. Cuando creo que algo no va a pasar, pasa, y cuando ardo en deseos de que algo suceda, los grillos cantan un cri cri y yo me quedo con cara de gilipollas.

No entiendo nada.

Sólo entiendo que durante el transcurso de estos 4 meses en los que mi vida ha dejado de ser lo que era, he aprendido que nada es predecible, que el destino no existe, y que todo depende de las decisiones que tomamos nosotros. De las decisiones que tomas tú mismo.

Las decisiones son múltiples, y el ruido que se genera a su alrededor incesante. Si preguntas opiniones, recibirás mensajes de todos los tipos y fuentes, pero la decisión final la tienes tú. La caja de bombones te pone a prueba, en tus manos está el no ser goloso.

Y una cosa os voy a decir, no sé prácticamente nada de la vida, no soy quien para dar consejos, ni siquiera a mí misma, y en estos momentos estoy con el cerebro caóticamente comprimido por todo lo que se me ha venido encima estas dos semanas con proyectos y sucesos de diverso calibre, pero si hay algo que sé a ciencia cierta,

es que siempre he sido más de salado que de dulce.